CONOCETE A TI MISMO-G.I.GURDJIEFF

CONÓCETE A TI MISMO

En la reunión siguiente, G. comentó estas palabras: “Conócete a ti mismo”.

—Esta fórmula, generalmente atribuida a Sócrates, en realidad se encuentra en la base de muchas doctrinas y escuelas mucho más antiguas que la escuela socrática. Pero aunque el
pensamiento moderno no desconoce la existencia de este principio, no tiene sino una idea
muy vaga de su significado y de su alcance. El hombre ordinario de nuestra época, aun si se
interesa en la filosofía o en las ciencias, no comprende que el principio «Conócete a ti
mismo» se refiere a la necesidad de conocer su propia máquina, la «máquina humana».
La estructura de la máquina es más o menos la misma en todos los hombres; por lo tanto es esta
estructura la que el hombre debe estudiar primeramente, es decir las funciones y las leyes de
su organismo. En la máquina humana todo está ligado, una cosa depende de otra hasta tal
punto que es completamente imposible estudiar cualquier función sin estudiar todas las otras.
El conocimiento de una parte requiere el conocimiento del todo. Es posible conocer el todo del hombre, pero esto exige mucho tiempo y mucho trabajo, exige sobre todo la aplicación del método correcto, e igualmente la dirección justa de un maestro.

“El principio «Conócete a ti mismo» tiene un contenido muy rico.” En primer lugar exige, del hombre que quiere conocerse, que comprenda lo que esto quiere decir, en qué conjunto de
relaciones se inscribe este conocimiento, y de qué depende necesariamente.

“El conocimiento de sí es una meta muy alta, pero muy vaga y muy lejana. El hombre en su estado actual está muy lejos del conocimiento de sí. Por eso, estrictamente hablando, la meta
del hombre no puede ser el conocimiento de sí. Su gran meta debe ser el estudio de sí. Para él será más que suficiente el comprender que tiene que estudiarse a sí mismo. La meta del hombre debe ser el comenzar a estudiarse a sí mismo, a conocerse a si mismo, de una manera
conveniente.

“El estudio de sí es el trabajo o la vía que conduce al conocimiento de sí.
“Pero para estudiarse a sí mismo es necesario ante todo aprender cómo estudiar, por dónde
comenzar, qué medios emplear. Un hombre tiene que aprender cómo estudiarse a sí mismo y
tiene que estudiar los métodos del estudio de si.

—¿Cuando ustedes pronuncian la palabra Yo en voz alta, pueden notar dónde resuena en ustedes esta palabra?”
No comprendimos en seguida lo que quería decir. Pero algunos de los nuestros comenzaron a notar muy pronto que cuando pronunciaban la palabra Yo, tenían la impresión de que esa palabra resonaba en la cabeza, otros la sentían en el pecho, otros encima de la cabeza — fuera del cuerpo.

Al escuchar todas nuestras conversaciones, G. dijo que un ejercicio de este género se había conservado hasta nuestros días en los monasterios del monte Athos.
Un monje se mantiene en una cierta posición, ya sea arrodillado o de pie, los brazos en alto con los codos en ángulo, y dice “YO” en voz alta y sostenida, escuchando a la vez dónde resuena esta palabra. Fragmentos…
Hasta aqui se explica centro de gravedad que es decir cual es el centro que predomina en mi.
La Meta de este ejercicio es la de hacerle sentir su “Yo” cada vez que piensa en sí mismo, y de hacer pasar su “Yo” de un centro a otro. Fragmentos… (es decir hacer resonar Yo en la Mente Y Soy en cada Centro, especialmente en el pecho, el centro emocional)
G. recalcó varias veces la necesidad de estudiar esta “técnica olvidada”, porque dijo que sin ella es imposible obtener resultado alguno en el camino de la religión, aparte, claro está, de
resultados puramente subjetivos.

Hay que comprender que hay un Yo mental (YO atención- pronunciar YO), que hay un Yo Emocional (pronunciar SOY resonancia en el pecho), y que Hay un yo del motor (sensación- sensación del cuerpo). Tenemos que ver que la mente puede estar en cualquier parte, mientras nuestro centro de gravedad es otro. Hay que entender que al mover el yo de centro nos volvemos más completos. Una vez que uno conoce su tipo o cual es el centro que más predomina, se puede hacer este ejercicio para armonizarse.
Luego de una relajación pronuncian la palabra YO y llevan la atención a una determinada parte del cuerpo. Un dedo una mano, una extremidad la cabeza, el tronco, la espalda y así sucesivamente y alternativamente. Digo yo sintiendo mi mano y lo repito muchas veces mi mano y Yo. YO y mi mano.

Gurdjieff y Ouspensky ya han muerto, y si alguna vez he de registrar por escrito lo que
aprendí de ellos, tiene que ser ahora. He dudado durante mucho tiempo antes de
embarcarme en esta tarea, y eso por muchísimas razones. Una de ellas, por cierto
importante, es que yo estaba plenamente consciente de la dificultad de trasladar a un
libro una enseñanza tan individual como lo es la de Gurdjieff, enseñanza que, para ser
eficaz, no puede ser leída, sino impartida a los individuos en forma oral.
Gurdjieff creía que los hombres y las mujeres son divisibles en un número
comparativamente pequeño de tipos, y que lo aplicable a un tipo, no lo es
necesariamente a otro. De tal manera, la instrucción tiene que ser dada en forma
individual, y es obvio que esto no puede hacerse en un libro. También preví la dificultad
de presentar ideas, primero en la forma cruda en que las recibí de Ouspensky, para
mostrar después la gradual profundización de mi comprensión de ellas con el correr de
los años.
Este lento progreso en la comprensión, sólo podía ser sugerido en un libro observando
el tiempo con un telescopio, y el resultado podía resulta confuso, por dejar al lector a
menudo lleno de dudas sobre si las ideas que yo exponía habían sido recibidas así de
Ouspensky, o si yo las había entendido en esa forma mucho tiempo después. Ese
método de presentación, también podría llevarme a poner en boca de Ouspensky
palabras que él nunca hubiera pronunciado, aun cuando ellas pudieran estar
completamente de acuerdo con su enseñanza. Todo esto me hizo advertir claramente
que habría de enfrentarme con muchas dificultades al escribir sobre las ideas de
Gurdjieff.
Gurdjieff dijo una vez: “Tengo cuero muy bueno para venderle a quienes quieran
hacerse zapatos con el”, y cuando estas palabras llegaron a mi mente, inmediatamente
me proporcionaron el plan correcto para mi obra. No hay mejor descripción que ésta
del rol desempeñado por Gurdjieff como maestro. Era un hombre que tenía ideas de una
calidad extraordinaria para venderle a quienes necesitaran ideas de esa clase.