de JOHN FUCHS
Ahora debemos tratar de ver las negatividades ocultas. Si uno maldice en silencio a alguien o
a algo, eso también es expresar negatividad. Fruncir el entrecejo sutilmente, hacer un gesto de
desesperanza con la mano, dejar caer los hombros, suspirar: todo esto debe ser mirado, visto,
observado y categorizado correctamente como expresiones negativas. La impaciencia también
puede ser una de sus expresiones, ya que su causa puede residir en la negatividad. Esas
manifestaciones sutiles de negatividad deben observarse cuidadosamente para atrapar nuestra
negatividad, lo más pronto posible, en cualquier forma que se manifieste. Observamos los
diálogos interminables que dan vueltas sin cesar en nuestra mente, acusando, quejándose,
justificándose. Entonces podemos preguntarnos, “¿es útil esta conversación interior?” Esta
pregunta me ha ayudado en muchas situaciones cuando la mente, las emociones o ambas me
han tomado. Cuando me doy cuenta de esto, tengo que sonreír y exclamar: “¡Qué tonto soy!”
Todo lo que he escrito hasta ahora son síntomas, razones y causas tangibles de la negatividad.
A lo que no me he referido es a los estados de ánimo; estados que me toman, tan vagos, tan
indefinidos y no obstante, tan obsesivos y poderosos. Estos son estados que no puedo
manejar, frente a los cuales me parece estar indefenso y perdido. ¿Cómo puedo lidiar con
ellos?
He pensado, especulado y todavía me encuentro indefenso y buscando una respuesta concreta.
Pienso: “Simplemente debo soltar, permitir que existan en mí, tratar de no combatirlos, sino
darme cuenta de que esto es la vida, el ritmo de la vida, la ley de ascensos y descensos que
debemos aceptar hasta que surja un ‘do’ que devuelva la ley de siete a su curso”.
En ese momento, la vida puede recomenzar.