El Momento Presente
J.G.Bennett
El momento presente es nuestra vida o nuestra realidad. Fuera de este momento presente existe sin duda una realidad más grande, pero nosotros no estamos directamente en ella. Nuestro momento presente se abre y se cierra. Puede llegar a ser muy pequeño, cuando todo lo presente es apenas algún fragmento de experiencia en una parte de nuestra naturaleza. Puede también abrirse y nosotros estar directamente conscientes de ello haciéndolo. En términos de la conciencia, podemos darnos cuenta más o menos, y es posible extenderlo más allá de nuestra propia experiencia y adentrarnos más allá de esta nuestra vida. Ordinariamente, las personas piensan acerca del momento presente en términos de estar conscientes, pero el aspecto más importante tiene que ver con la decisión y la voluntad.

La decisión que mantiene el momento presente unido es algo que caracteriza a todos los seres vivientes, pero a nosotros los hombres se nos ha dado un cierto poder que nos permite vivir en un momento presente mucho más amplio que el de cualquier otro animal. Tenemos memorias del pasado y podemos prever el futuro y tener expectativas. Estas memorias y expectativas que tenemos que no dependen de los sentidos como ocurre en un animal, que anticipa o recuerda debido a los vestigios de pasadas sensaciones que permanecen en su organismo. Nosotros tenemos algo más que eso. No hemos sido generados por el mismo tipo de fuerzas que agrupan a los animales en una manada o a los insectos en una colmena. Hay algo en nosotros que es capaz de tomar decisiones porque podemos ver el pasado y el futuro. Esto nos permite extender el momento presente. Es por esto que Gurdjieff decía que un hombre era un ser que puede "recordarse a sí mismo". El no ser capaz de recordarse a sí mismo es señal de que no somos hombres. En el capítulo "Por qué los 'hombres' no son hombres" en Relatos de Belcebú a su Nieto, Gurdjieff dice que esto se debe a que no ejercitan el poder de decisión que está en ellos.

Esto no quiere decir que debamos vivir todo el tiempo en un estado de conciencia expandida pues, de otro modo, el momento presente no sería más que un asunto de conciencia. Este es un error que se comete a menudo. Se piensa con frecuencia que nuestro modo de asumir la conciencia determina lo que somos, pero esto no es correcto. El momento presente no es sólo aquello de lo que somos conscientes sino, además, lo que ha llegado a formar parte de nosotros por nuestra propia voluntad y decisión.

Por ejemplo, si decido salir a caminar, eso implica que tengo dos piernas, que he aprendido a caminar, que tengo la fuerza para hacer el esfuerzo y que tengo el conocimiento de cómo llegar al lugar hacia el cual he decidido caminar. Ninguna de estas cosas necesitan entrar en mi "consciente". La decisión de salir a caminar cubre todo lo que está implícito en llevar a cabo tal decisión.

Nos hemos reunido para tratar de arribar a una nueva comprensión del tiempo. En esto está implícito un montón de cosas. Algo obvio es que ustedes serán capaces de entenderme cuando hable en inglés. Esto no es conscientemente tomado en cuenta pero, sin eso, este evento no podría tener lugar. El momento presente tiene algo de la naturaleza de un iceberg: de ninguna manera está todo el iceberg flotando por encima de la superficie donde pueda ser visto. No somos conscientes de mucho de esto. Podemos, haciendo un esfuerzo, llegar a ser conscientes de algo que se encuentra bajo la superficie, pero usualmente no es necesario. Existen ciertas cosas, como los trabajos más finos de nuestro organismo, de los cuales no podemos ser conscientes en lo absoluto.

El momento presente es toda la región de nuestra experiencia dentro de la cual somos capaces de hacer algo, es decir, donde nuestras acciones están conectadas con nuestros propósitos. Fuera del momento presente tenemos que depender de algo externo para alcanzar una conexión. Si me voy fuera de mi momento presente, entonces habrán elementos desconocidos e imprevistos que pueden hacer que hasta las cosas más simples sean para mí imposibles de realizar. La forma realista de considerar el momento presente es verlo como el mundo de nuestra efectividad o capacidad. Algunas personas poseen un mundo de efectividad o capacidad que se extiende mucho más allá de lo que ocurre para los demás. Decimos que su responsabilidad es mayor. Algunas personas, por ejemplo, son capaces de tomar decisiones que involucran factores que se extienden por meses y hasta años. (Es decir, decisiones reales que son llevadas a cabo.) Otros únicamente pueden tomar decisiones que los involucran a ellos y en lapsos de tiempo mucho más cortos.

Una parte de nuestro trabajo es aprender cómo puede ser expandido nuestro momento presente, cómo ir de una serie de experiencias fragmentadas a la coherencia en la cual nos encontramos a nosotros mismos. Otra parte de nuestro trabajo es aprender cómo el momento presente puede ser compartido, pues el momento presente de un individuo encerrado en sí mismo es algo realmente inútil.

Cuando hay un ciclo completo que puede ser previsto, como en esta serie de reuniones, podemos practicar el traer de vuelta nuestra atención al propósito de todo esto. El hacer esto nos proporcionará de por sí la suficiente información como para empezar a comprender lo que he dicho acerca del momento presente. Tal práctica ya es Trabajar en "expandir nuestro momento presente'" y compartirlo con los demás. El verdadero compartir llega a través de aceptar un patrón común de intención.

Lo que estoy tratando de hacer que comprendan es la importancia de la "voluntad". Pero antes que nada tenemos que darnos cuenta de que la "voluntad" requiere un instrumento. Puede estar relacionada con cualquiera de las energías que, por así decirlo, le permiten funcionar. Pero, de acuerdo al nivel de energía, habrá mayor o menor libertad y mayor o menor poder de actuar asociados al momento presente. Cuando es una de las energías más bajas la que está funcionando existen sólo fragmentos de voluntad. Lo que llamo "energía automática" manifiesta la voluntad como muchos yoes: cada pensamiento, sentimiento y sensación diciendo "yo". La fragmentación de la voluntad corresponde al estado automático en el hombre. La energía automática o sustancia no permite a la voluntad actuar más allá de la experiencia inmediata de aquella parte que la está experimentando. Cuando hay una transición al siguiente nivel que es el de la energía sensitiva, se percibe la sensación de estar conectado. Se hace posible el decir si y no. Este es el primer lugar en el cual la voluntad personal comienza a ser operativa. Más allá de este punto, las reales decisiones son posibles.

Existe una combinación de energías que produce una cierta sustancia. Cuando dicha sustancia está disponible, entonces la voluntad se encuentra libre para decidir, dentro de toda la región en que la calidad de la misma puede penetrar. Por ejemplo, si hay en mí una cantidad suficiente de esta sustancia, puedo tomar una decisión que será (que es) operativa para la totalidad de mí mismo. La voluntad es capaz, a través de dicha sustancia, de tomar una decisión. Estoy hablando en términos casi literales, tan literalmente como puedo. Tiene que haber "tanta cantidad" de la sustancia porque la misma está circunscrita y limitada. Es cuantitativa, no es simplemente una cualidad de la experiencia. Cuando esta sustancia está concentrada hay un momento presente, y cuando hay una decisión de la voluntad ese momento presente es el momento presente de dicha voluntad.

Tenemos ciertos ejercicios en nuestro trabajo psicológico conectados con los actos de la voluntad y la decisión. Ustedes tienen que hacer algo para preparar un poco de esta sustancia (quizás no tanto como una onza, pero tal vez un gramo). Aun un gramo les permitirá tomar una decisión que cumplirán. Esta sustancia posee la calidad de la certidumbre. Cuando esta trabaja en la mente se puede reconocer la verdad. Cuando trabaja en los sentimientos se tienen emociones positivas. Es a través de esta sustancia que la gente está conectada. Cuando esta sustancia está lo suficientemente concentrada en un grupo de personas, de modo que la conexión sea permanente, entonces es esto lo que se conoce con el nombre de "la comunión de los santos". En ellos sólo hay una voluntad. Cuando esta sustancia realmente ha permeado el ser de una persona, esta es transformada de un ser mortal ordinario a un ser inmortal.

Esta sustancia además nos permite ser conscientes del destino. Cuando esta sustancia está ausente, tenemos o bien que confiar en lo que hemos recibido de la tradición en el pasado respecto a lo que la gente ha hecho en circunstancias similares o tenemos que ser guiados e instruidos. Pero cuando esta sustancia está presente y despierta la percepción del destino, entonces no requerimos ni de una ni de otra opción: vemos lo que debe hacerse. Jacob Boehme lo dijo de este mdo: "Existen dos "ojos" en el hombre: uno que se adentra en el tiempo y el otro que se adentra en la eternidad". Para mí, diría que el segundo "ojo" se adentra en hyparxis, la dirección del destino, donde algo debe llevarse a cabo en el mundo creativo. Nosotros podemos ver nuestro destino sólo hasta cierto punto. Todo es limitado.

Tal como somos, nuestro momento presente es débil, pero esto no es únicamente un problema de nuestras propias debilidades y limitaciones. Existe una fuerza que está tratando de llevarlo todo de vuelta a un estado indiferenciado o al estado del tiempo. Al nivel puramente material, esto es simplemente la probabilidad, pero en las regiones más elevadas de energía comienza a tomar las formas del mal y la tentación. La única labor de estas fuerzas es interrumpir el momento presente de modo que deba cumplirse un propósito particular. Esto se encuentra descrito alegóricamente en el Libro de Job, donde se le otorga a Satán permiso especial para interrumpir el momento presente de Job hasta que este se encuentra casi completamente destruido. Sin embargo, algo permanece de su voluntad, y aunque la sustancia de la cual hemos estado hablando ha sido sustraída de él, su momento presente es capaz de reconstruir y restituir todo lo que era, y mucho más. Es bastante acertado el representar la fuerza disruptiva en un nivel superior como un trabajo consciente. No es simplemente entropía. Job llega a ver que aunque él no pierde su voluntad él es completamente impotente, y que su voluntad depende de si se le proporcionan los medios para ejercitarla.

Cuando la sustancia trabaja en nosotros, podemos verla. Es una obligación para aquellos que pueden verla el ayudar a aquellos que no pueden. Alguien que no puede ver no puede hacer mucho para ayudar a otro que no ve. De tal manera, si doscientas personas se reúnen y ninguna de ellas puede ver lo que se requiere, quizás será doscientas veces peor que si ellos actúan de manera separada. Una mera reunión de personas de buenas intenciones no garantiza nada. El asunto que tenemos enfrente nuestro es si existen personas que vean y si existen personas que sean capaces de tomar decisiones a una escala que sea lo suficientemente grande como para constituir un momento presente en el cual podamos encontrar nuestro propio lugar.

La mayor parte del trabajo que hemos hecho juntos ha provenido de la transmisión de algo que yo he recibido y que ha sido transformado durante los últimos veinticinco años de actividades que involucran a Coombe Springs. Yo tenía la obligación de compartir esto con ustedes, porque yo recibí algo que no tenía duda de que era producto del Trabajo, de una comprensión. Pero ciertas condiciones permanecen sin cumplirse, condiciones conectadas en particular con esta sustancia de la cual he estado hablando. Llegó a ser bastante claro para mí que sin esta sustancia, se estaba condenado a ser ineficaz. Hace mucho tiempo, dejé a un lado mis ideas de que uno puede trabajar únicamente con su propio conocimiento, con sus habilidades y fuerza natural. Tuve una experiencia con Gurdjieff en 1923 en la cual, bajo las condiciones que él fue capaz de crear, tuve la posiblidad de comprenderme no sólo a mí mismo sino también a él y a lo que él estaba haciendo. Esa experiencia ha permanecido inmutable en el tiempo y es ahora tan fuerte como nunca lo ha sido. En aquella época, Gurdjieff hablaba acerca de esta sustancia refiriéndose a ella en términos cuantitativos. Nos decía que podía ser que no tuviéramos mucha para nuestro trabajo: necesitamos una libra pero sólo tenemos un gramo. Entonces, dijo que algunas personas han concentrado suficiente de esa energía como para tener algo de sobra para los demás; entonces, estas otras personas pueden convertirse, a su vez, en fuentes. Todo lo que él dijo fue muy vívido para mí porque en aquel momento yo estaba experimentando la realidad de lo que él decía.

En la misma conversación de aquel día, Gurdjieff habló acerca de "El Trabajo" de un modo objetivo, como una realidad presente a la cual eran capaces de servir las personas que podían reconocerlo. A dicha realidad sólo pueden servir aquellos que comprenden lo que se requiere. El Trabajo posee su propio momento presente que no es la historia de la humanidad como un conjunto ni mucho menos los acontecimientos sobre la Tierra, los cuales no son siquiera históricos. En el mundo de los acontecimientos, las posibilidades ocurren por la vía de la menor resistencia, de acuerdo con las mayores probabilidades. No existe resistencia establecida, ni una tan pequeña, que tenga sólo el efecto de producir pequeños disturbios que rápidamente vuelvan a desaparecer. Entonces, hay eventos en los cuales se establece una resistencia en que la gente tiene convicciones fuertes y está dispuesta a hacer sacrificios. Esto produce una profunda perturbación en la corriente de los acontecimientos y algo se desarrolla, un potencial que no es consumido por el tiempo. Puede que no conozcamos los nombres de las personas que produjeron los resultados históricos, pero podemos reconocer el evento. El Trabajo está detrás de esto.

Existe la posibilidad de ver lo que debe hacerse, y a esto le llamamos el Trabajo. Debe comprenderse claramente que no hay modo alguno de verificar la realidad del Trabajo, porque todo lo que verificamos es sólo un resultado, y lo que es más, un resultado de segundo orden. El Trabajo es efectivo en aquella región en que nuestros sentidos y nuestros pensamientos están ciegos: la región del destino. Uno puede preguntarse: "¿Por qué el propósito al cual estamos llamados a servir no está dispuesto claramente para todos, de modo que si tenemos la buena voluntad de hacerlo podamos servirle?". Pero el servir a este propósito depende de descubrirlo, no de que nos lo digan. Lo que puede ser dicho pertenece a la región intermedia en que la gente ve lo que quiere hacer y por qué quiere hacerlo. El Trabajo tiene una tarea que hacer precisamente con aquella región en la cual los hombres se encuentran ciegos, donde únicamente pueden ver si algo es transformado en ellos; y esto nos lleva nuevamente a la concentración de esa sustancia sin la cual no podemos ver.

Resulta extraño que deseemos hacer lo que es correcto; deseamos servir, pero estamos estancados porque no "vemos" lo que se requiere. Decimos: "Si sólo supiera lo que se requiere de mí, aun y cuando significara el más amargo sacrificio, yo podría hacerlo; pero no puedo siquiera hacer un sacrificio si no sé lo que se quiere". Es debido a que no "vemos" que asumimos este tipo de tarea por la cual tratamos de prepararnos para llegar al punto en que seremos capaces de hacer lo que se requiere. Hasta que nuestro propio "ver" no se produzca, hay una dependencia inevitable. En el Masnawi, Jalalad-din Rumi dice: "Si tienes una piedra imán entonces encuentras tu propio camino, pero si no, únete a alguien que tenga la suya, de otro modo tu viaje se echará a perder".

Sucede que si la gente se reúne a fin de prepararse para ver lo que se requiere, esta misma tarea produce algo de esta sustancia, tal vez suficiente al menos para que una persona vea. Si una persona "ve", eso es suficiente, porque ellos están tan unidos que saben que lo que se ha visto es válido para todos. En esta época en particular, hay una empresa de este tipo que está en marcha. Depende de una decisión que no es tomada por nosotros, sino por aquellos que tienen la visión, aquellos que pueden no estar siquiera vivos en la actualidad. Es posible que esta decisión tuviera que ver con este país, que aquí debía ser establecido un cierto foco para la concentración de esta sustancia, para permitir que ciertas cosas ocurrieran, más bien como una estación de servicio. Tales lugares han existido en diferentes partes del mundo, incluyendo el Asia Central. Parece ser que varias generaciones atrás, al inicio del siglo XIX, algunas personas vieron que un cierto tipo de trabajo tenía que suscitarse en Occidente. Hay una cierta acción, la cual puede extenderse a lo largo de dos siglos, con respecto a una gran transformación en las circunstancias de la vida humana sobre esta Tierra. Esta acción no podría tener lugar a través de personas que sólo se dijeran unas a otras que el mundo estaba pasando por una crisis. Se necesita una gran concentración de la sustancia de la que hemos estado hablando, sin la cual nada puede hacerse. Puede ser que la tarea de recolectar esta sustancia ha sido continuada por largo tiempo. Como algunos saben, esta tarea a menudo se compara al trabajo de las abejas recolectando miel, las cuales la recogen gota a gota.

Posiblemente, algo por el estilo ya se ha incorporado en la vida de las personas, y esto puede explicar algunos de los eventos otrora incomprensibles que ocurren a nivel histórico, tales como personas que se han agrupado y se aceptan entre sí pese a las terribles influencias disruptivas en el Trabajo. Puede que sea de este modo. Si lo es, entonces lo que estamos haciendo corresponde a ello, pero a una escala menor y a un nivel menor de concentración. Debido al bajo nivel de concentración, lo que hacemos no puede producir la libertad de acción que se requiere. La única manera en la cual lo que hemos hecho y estamos haciendo puede ser fructífero es si está integrado a una acción mayor. Las pequeñas acciones hacen posibles las grandes acciones, pero estas deben estar conectadas de acuerdo a un patrón permisible. La miel puede ser recolectada y concentrada porque las abejas pueden además hacer panales. Los panales resultan ser una analogía para diversas cosas, aun para lugares como el que tenemos aquí.

Cuando una nueva colmena está por iniciarse, la vieja colmena tiene que hacer un sacrificio: algunas veces significa hasta perder a la reina. Del mismo modo, un sacrificio extraordinario ha sido hecho para lo que está ocurriendo ahora. En esta etapa, veo más de lo que ustedes han sido capaces de ver. Para integrar el momento presente a la existencia tiene que haber una separación. Es aquí donde algo doloroso está involucrado y no debe suponerse que sea de otro modo. Puede que en alguna parte, por muchos siglos, haya existido un lugar de concentración que producía, hasta puede decirse, condiciones dichosas de existencia para los que habitaban en sus inmediaciones y la posibilidad de transformación para todos aquellos conectados con dicho lugar. El sacrificar todo eso y permitir que la concentración se trasladara hacia otro lugar es algo apreciable. Sin ello, no podría acontecer este evento del que estamos viendo sólo un vislumbre. Debemos tener un tipo especial de gratitud hacia las personas que estuvieron dispuestas a hacer tal sacrificio.

Sabemos que cuando intentamos trabajar por nuestra cuenta es muy difícil. Cada uno de nosotros posee un cierto grado de compromiso que depende de esta sustancia en nosotros, pero este compromiso es débil. Necesitamos integrarnos en un momento presente que no sea únicamente nuestra decisión personal. Esta es la importancia de un grupo. Probablemente, todos los que entre ustedes hayan trabajado en grupos se habrán dado cuenta de la diferencia que existe entre lo que son ustedes capaces de hacer por el bien del grupo y lo que son capaces de hacer por su propio bien. Esto es muy asombroso, considerando lo egocéntricos que somos. Es extraño que efectivamente sólo nos preocupemos por nosotros mismos y estemos llenos de desconfianzas y dificultades en nuestras relaciones con otras personas; y aun así, cuando nos reunimos en un grupo para emprender cierto tipo de trabajo, encontramos una fuerza de un orden bastante diferente a la que encontramos cuando tratamos de trabajar para nuestro propio provecho. Todo esto puede ser comprendido en términos del momento presente. La fuerza de la voluntad individual podrá ser mayor, pero la cantidad de sustancia que está disponible para hacer que la voluntad sea efectiva es muy pequeña. Cuando hay un número de personas juntas puede que haya suficiente sustancia para que sea tomada una decisión. Si podemos comprender esto en los términos de nuestra propia experiencia de trabajar en grupos, puede que entonces nos demos cuenta de esto a una escala más amplia, puede que sean posibles cosas con las cuales no soñamos por el momento.

Deben recordar que estoy hablando acerca de una dirección dentro del momento presente en la cual el hombre está ciego. No es posible para mí producir evidencia que les convenza acerca de estas cosas. En el mejor de los casos, ustedes puden ver por los resultados que se ha constituido algo diferente en el trabajo, pero no pueden decir qué es o cómo funciona.

La sustancia a la cual nos hemos estado refiriendo una y otra vez no es simplemente una energía como la electricidad, que requiere de un cierto tipo de mecanismo a fin de ser útil; esta es en sí misma una energía inteligente. Al principio, parece muy difícil llegar a comprender que exista una inteligencia que no sea la inteligencia de una persona. Sin embargo, la inteligencia es una sustancia que entra en las personas y las hace inteligentes. Sin esta sustancia ellos no son inteligentes. En la antigua simbología de la miel y la abeja, la miel es la sustancia de la inteligencia o la sustancia del "know-how", la sustancia por la cual es posible tanto el ver lo que tiene que hacerse como, además, el tener el poder integrador para hacer las combinaciones necesarias a fin de conseguirlo. La mayor parte de la vida humana discurre sobre un punto extremadamente mínimo de esta sustancia. Unas cuantas personas la poseen y son capaces de mantener el estado de cosas.

En Fragmentos de Ouspensky (En Búsqueda de lo Milagroso), Gurdjieff se refiere al "conocimiento" que se encuentra limitado. Él dice que este conocimiento llega a diseminarse y es el deber de las Escuelas recopilar y concentrar este conocimiento, de modo que pueda llegar a estar disponible cuando se requiera. Esto se refiere al conocimiento, no en el sentido de la información, sino en el sentido del conocimiento eficaz o inteligencia. Cuando este conocimiento está presente, la gente actúa más sabiamente de lo que sabe. Este es uno de los rasgos más peculiares del siglo XX, especialmente ahora en que, a pesar de que se están haciendo cosas graves y de que las fuerzas destructivas son quizá más peligrosas que en cualquier otra época, hay un avance bastante cierto hacia un nuevo estado de cosas en el mundo, en el cual la humanidad será capaz de llevar a cabo lo que nunca antes ha sido logrado. Esto no se debe al ingenio de las personas o a sus buenas intenciones o a las enseñanzas morales, ninguna de las cuales podría posiblemente prevalecer sobre las fuerzas disruptivas. Lo que sí puede prevalecer, si está disponible, es esta sustancia.

Cuando esta sustancia se encuentra disponible, la misma puede producir acciones en las personas que las hagan más sensibles de lo que se esperaría de ellas. Esto pueden ustedes observarlo. Cuando las personas saben cómo utilizar esta sustancia, la misma produce la acción más allá de la historia que llamamos el Trabajo. Éste hace posible que las cosas sean preparadas y que la relación entre la suerte y el destino sea correctamente ajustada para la humanidad, de modo que las cosas que se han salido de su cauce puedan ser regresadas a su lugar y nuevas tendencias sean introducidas en la vida humana. Nuevos modos de pensar, nuevos tipos de relaciones, y así sucesivamente, son posibles si esta sustancia se encuentra lo suficientemente concentrada en las manos de aquellos que saben cómo hacer uso de ella. Mucho del Trabajo trata de esto. Entramos en este momento presente en la medida en que podamos tomar parte en esto.